Todo este nuevo escándalo ha salido a la luz gracias a que un joven empleado en prácticas en el centro quiso denunciar la situación e hizo grabaciones con una cámara oculta.
El trato a los ancianos es vejatorio, personas a las que la residencia cobra por sus servicios 1.300 euros. Entre otras 'joyitas' verbales que las asistentes (en toda la grabación no aparece ni un médico -salvo uno de Urgencias- ni un ATS), dirigen a los ancianos se puede escuchar: "A éste le gusta apestar"; o esta otra cuando cambia el pañal a una mujer: "¡Qué cagona la tía, cochina asquerosa". También en todo momento los ancianos están atados a camas y sillas. Les dan de comer con jeringuillas, la misma para todos, y también repiten con el cepillo de dientes: uno para todos.
Durante la grabación falleció uno de los residentes.